Or le Iom Hey, 17 de Tammuz, 5769
Hace unos 15 años caminaba por la Avenida Corrientes, frente al teatro San Martín había un artesano hippie con muchas cositas súper originales, me mostró un tubito bastante extraño, me dijo que tenía que mirar por el agujero de uno de los extremos y girarlo. Lo que vi me pareció maravilloso: los colores y las formas me dejaron asombrado; mientras no paraba de mirar embobado por el tubito extraño el artesano dijo unas palabras que nunca pude olvidar “no importa cuanto tiempo lo veas, siempre te va a mostrar algo diferente”.
Algunos años más tarde supe que era un caleidoscopio. Los libros y yo tenemos un matrimonio polígamo pero solo con algunos de ellos tengo una relación caleidoscopiana, no importa cuantas veces los lea, de que forma, en qué lugar, siempre muestran algo diferente, siempre enseñan algo diferente.
“¿Quién se ha llevado mi queso?” es uno de ellos. Ayer tuve la oportunidad de leerlo de nuevo, esta vez conociendo ya el mensaje principal y lo que decía, mi cerebro prestó atención a la parte final. Haw descubrió que el cambio era algo bueno, pero también descubrió que sin importar lo que le diga a su amigo Hem no podría convencerlo para que él cambie, literalmente:
“… entonces comprendió que ya había intentado que su amigo cambiara. Hem tendría que encontrar su propio camino, ir más allá de sus propias comodidades y temores. Eso era algo que nadie podía hacer por él…”
Y ésta parte fue la que se mostró en el caleidoscopio ayer. A veces me siento como un vendedor, de esos que tocan el timbre en la siesta y preguntan si no querés un poco de lechuga fresca o una linda y barata alfombra para que no te resbales y te desnuques en el baño. Largas charlas con amigos, y no tan amigos, para que cambien, para que reflexionen, para que superen sus comodidades y sus temores me hicieron reflejarme en esta historia y eso que creí que había superado lo de predicador.
Una persona que conocí no se cansaba de repetirme “la gente NO cambia”, es raro que una frase así venga de una psicóloga, sin ánimos de desprestigiarla: nunca la escucho, no quiero escucharla, por más que en el 99,9% de los casos tenga razón no quisiera creer que la gente está imposibilitada a cambiar. Pero tampoco quiero pensar que cada uno tiene que encontrar su propio camino y punto porque eso haría mi vida muy aburrida, este blog no existiría y para la alegría de muchos que me quieren y odian sería una persona muy callada.
Entonces, recordé que Haw había hecho algo además de tratar de convencer a su amigo, había escrito frases en las paredes del laberinto a la largo de su recorrido cual migajas de pan Hanselgretianas, para que si Hem en algún momento decidía cambiar pudiera seguir el rastro.
Muchas personas en mi vida me han dejado carteles en las paredes con frases, reflexiones y mensajes que me ayudaron a recorrer el laberinto, aún sigo buscando mi Queso (con Q mayúscula), pero también me gusta escribir en paredes como este blog lo que creo que puede ayudar a otro a caminar por la vida, no por ser un gurú que puede guíar a todo el mundo a la felicidad, sino porque no está bueno recorrer el laberinto solo. Algunos los leyeron y van más adelante que yo, otros aún lo reflexionan, pero solo algunos saben que no solo escribo para ellos, escribo para que si algún día me pierdo y nadie me encuentra… vuelva a comenzar, vuelva a pensar y a preguntarme:
¿Qué harías si no tuvieras miedo?
Sebastián Tallon