Iom Alef. 23 de Av, 5768
Voltaire dice en su diccionario filosófico que la tolerancia es el bien común de la humanidad. Mucho medite sobre esto, y créanme que nada es más fácil que meditar sobre la tolerancia, porque ésta no es una fórmula secreta, mítica e indescifrable. Es muy sencilla de comprender pero una de las más difíciles de poner en práctica.
Uno siempre suele confundir al principio la tolerancia con el aguantar o soportar algo o a alguien, pero, lamentablemente para los que ahora la comprendemos y debemos practicarla, sabemos que es en sí, lo contrario a aguantar.
Soportar o tragar algo es básicamente una actitud egoísta, soberbia y muy amarga. Es ese falso sentido en el que “yo inmolo mis palabras para no ponerme a discutir con alguien o sobre algo que yo sé que tengo razón pero que vos no vas a entender”. Aguantamos incluso mucho más de lo que pensamos, entonces acumulamos, tragamos, implotamos y también sufrimos.
Incontables veces en mi vida me encontré con personas (como mi vieja) que hasta enfermaban por tragar y soportar. Lo peor de hacer esto es que se sufre, uno se calla y no se aprende nada. Esto hace que nos encerremos en una posición cada vez más egoísta, más altiva, más soberbia y más hermética. Por supuesto lo único que trae esto es: violencia, insultos, guerras, discusiones y todo eso que estamos tan acostumbrados a ver en la tele, en el trabajo y en casa.
Y es cuando uno comprende el verdadero y sencillo principio de la tolerancia cuando las cosas se complican, porque bien sabemos que las virtudes no son cosas que uno compra en la despensa junto con la coca y un paquete de puchos; éstas siempre traen en principio conflictos internos, a veces mal estar e incluso nos convencen que nadie merece esa virtud porque nadie la práctica con nosotros, tácitamente asumimos entonces que la tolerancia es casi inaplicable en un mundo tan intolerante con los que piensan distinto, hablan distinto, creen distinto, y actúan diferente a la masa.
Volviendo a Voltaire, él explica (a mi entender) la consecuencia de practicar la tolerancia y no la acción de la virtud en sí; no nos dice qué tenemos que hacer, sino que nos explica que trae consigo. Y digamos en esto que Voltaire era un buen vendedor, nada bueno es gratis por lo tanto explicarnos lo que deberíamos hacer sería ahuyentar al cliente. Y como yo soy un pésimo vendedor… he aquí mi forma de pensar sobre qué es practicar la tolerancia.
Practicar esta virtud se resume simplemente en “Ponerte en el lugar del otro y comprender de forma objetiva por qué está haciendo y diciendo eso que nos molesta o que va en contra de lo que nosotros creemos correcto”. (Sí señora no soy muy bueno para explicarme en pocas palabras, compréndame soy hijo único)
Esto implica silencio, templanza, objetividad, perdón y por sobre todo introspección. Mientras uno no enfrente la vida con tolerancia, está condenado a la soberbia, a la soledad, a la violencia y a la ignorancia. Y lejos de querer emitir un juicio o pasar como el que me las sé todas, comento todo esto desde experiencias propias. Muchos debates, charlas y discusiones he tenido, no quizás las suficientes pero si bastantes. Cada vez que en éstas aplicaba la tolerancia aprendía algo, cuando soportaba las boludeses que el otro decía me limitaba a calentarme, desubicarme y encerrarme en mi supuesta verdad.
Cuando uno escucha, charla o piensa desde la tolerancia, el pensamiento es siempre el mismo “puedo aprender algo de esta persona o de esta situación”, y exponiendo mis argumentos y mis razones debo estar abierto a encontrar mis propios errores en las palabras del otro para así crecer, sino se cae en querer convencer al otro de lo que yo pienso y de lo que yo llamo verdad.
Gracias a la intolerancia, se han perdido parejas, familias enteras, relaciones laborales, sociedades comerciales, alianzas políticas, amistades etc. etc.
Vuelvo a decir que no es fácil ponerla en práctica, y acá esta la vuelta de rosca… no es fácil al principio… practicarla de forma constante templa el carácter, nos hace más comprensivos, bondadosos, solidarios y abiertos. Pero ojo, que la tolerancia tiene dos etapas, la fácil y la difícil. Es relativamente fácil ser tolerantes con nuestro hijo o con nuestra novia, pero cuan difícil es ser tolerantes con ese tipo que no aguantamos, con ese profesor o compañero que no soportamos. Y créanme, amigos que se engancharon a leer mis desorganizados pensamientos, que la verdadera es la que más nos cuesta… pero a su vez la que más resultados trae.
Finalmente, si realmente querés el bien de tu familia, de tu ciudad, de tu país, de la humanidad en plenitud; practicá la tolerancia y descubrirás por vos mismo por qué ella traerá un bien común a todos si empezamos a practicarla.
“¿Y por casa como andamos?”
Sebastián Tallon