Or le Iom Bet, 4 de Kislev 5769
Si algo he aprendido en estos años, es que por el contrario de lo que uno piensa (o la mayoría manifiesta) la sinceridad, molesta. Parecería ser que tanto nos hemos acostumbrado a la ausencia de ella que más de una vez escucho “aunque sea me podría haber mostrado una sonrisa falsa”.
La sinceridad se ve hoy como un signo de mala educación, de persona conflictiva, de falta de diplomacia, confundiendo esta última con un sinónimo de hipocresía. Émile Herzog decía que la sinceridad no es decir lo que uno piensa sino, nunca decir lo contrario a lo que se piensa. Y acá es donde por lo menos yo me replanteo el sentido de ser sincero.
Las miradas y los gestos que generan de forma automática el decir eso que se siente y que nadie se anima, se toma como un acto desubicado, como algo escandaloso. Por supuesto que coincido si en este momento estas pensando “claro… pero depende de la forma en que se dice”… y sí la forma de comunicarlo es esencial, pero a muchos les gusta jugar a la “objetividad” a lo que yo digo lo digo sin tomar parte en nada, yo soy neutral, yo soy imparcial. Y eso no existe, nadie va a poder expresar algo con sinceridad sin estar afectado, influenciado o motivado por algo personal.
Por eso me gustó tanto la frase de Émile, porque no se trata de decir todo lo que uno piensa de una forma ordinaria, maleducada o soberbia, sino de por lo menos nunca ir en contra de lo que uno cree o siente como un valor o principio personal. Tendríamos que ver a la sinceridad más allá del concepto de atropello o verdad con intención hiriente y dejar de usarla con ese fin.
Gracias a Angel (uno de mis grandes maestros), pude entender que la verdad y la mentira en sí no son ni buenas ni malas, sino que son herramientas, ambas pueden hacer daño y ambas pueden hacer bien; el punto está en quién la usa y con qué fin. Y creo yo que la sinceridad va mas allá de una herramienta como lo puede ser la verdad, para mi se trata mas de una actitud, de una forma de encarar a la vida y a las personas.
Y lo más paradójico de este tema es que todos hablan de la sinceridad como una virtud pero la practican y la juzgan como un antivalor, y más de una vez en la vida me pregunté ¿por qué siendo sincero y diciendo las cosas de frente a veces me salen tan mal?… si tenés algo parecido a una respuesta… hacemela llegar me va a ser de mucha ayuda.
Como diría Calamaro “La honestidad no es una virtud, es una obligación”.
Sebastián Tallon