Or le Iom Gimel, 11 de Av, 5768
Quizás preparándome mentalmente para leer muchos tipos de pensamientos, decidí reafirmar los propios, porque sino correría el riesgo de caer en la mediocridad de a cada tipo de pensamiento o teoría leída convertirme en un acérrimo y fanático creyente.
Para ello… volví a uno de mis pensamientos, filosofías y herramientas propias que más ejercito: el criterio.
Más de una vez por día me encuentro en la situación interna de pensar “¿cómo fulano o fulana puede cambiar tan drásticamente de pensamiento o de forma de actuar por un evento X ?”, y explicando un poco más este ejemplo tan general prosigo; es una desagradable sensación el no poder percibir una pizca de criterio en muchas de las personas con las que diariamente me relaciono a nivel laboral y social.
Falta de criterio llamo a estas personas que porque leen un libro de Bucay, Coelho o esta variedad de libros autoayuda (que lamentablemente muchas veces funcionan más a nivel autoengaño), entran en un evidente estado de entusiasmo que a los pocos días, o con suerte meses desvanece… no quiero que se entienda que estoy en contra de estos libros, los he leído a muchos de ellos y me han enseñado cosas muy útiles y principalmente prácticas. Pero a lo que voy es que, cuando uno posee el bendito criterio puede (sin alterarse ni invalidar el documento o el emisor) separar lo útil de lo que no lo es, lo que me sirve de lo que no, de lo que es cierto y de lo que es mentira. Sí sí ya se… puedo escuchar a tu cabeza retrucando “¿quién sabe lo que es verdad y lo que es mentira? Nadie es dueño de la verdad” Aristóteles muy equivocado en muchas cosas y muy acertado en otras afirmó “La única verdad es la realidad” frase atribuida contemporáneamente en Argentina al Gral. Juan Domingo Perón.
El criterio me permite a mi comprender que, “El Secreto” de Rhonda Byrne es un excelente libro y película-documental pero por más que me visualice viviendo eternamente, probablemente esto me lleve a tener hábitos saludables que me hagan un longevo pero no creo bajo ningún punto de vista lograr hacerle “oso” a la muerte. Es decir, el criterio es lo que nos permite diferenciar lo real de lo posible, lo práctico de lo teórico y lo positivo del positivismo ciego e inútil que solo lleva al autoengaño.
Un escritor francés llamado Francois de la Rochefoucauld, sabiamente dijo en el siglo XVII “Todo el mundo se queja de no tener memoria y nadie se queja de no tener criterio”. La ausencia de criterio que bien podríamos llamar criterismo (primera y única vez que aclararé que es un sarcasmo) es una de las enfermedades sociales que más se van extendiendo.
Hace aproximadamente un año y algo realicé un entrenamiento de liderazgo, fue muy bello y lleno de aprendizajes, sin embargo, había muchas cosas que a mi no me cerraban, que mi criterio me decía esto no es así… y simplemente las tomaba con pinzas o las sobre-analizaba. Sin embargo, el efecto en el resto de mis 80 compañeros era eufórico, despersonalizado, y totalmente falto de análisis, lo que se decía allí de pronto parecía ser la única verdad absoluta y la indiscutible solución a todas las problemáticas del día a día, de corto y largo plazo e incluso de la vida misma.
¿Por qué afirmo esto? Porque si me baso en lo dicho por Aristóteles, la realidad es que el 95% de ellos está igual que antes solo que con conocimiento de causa; todos aquellos con los que había compartido este entrenamiento parecían hablar de la nuestra amistad que se había formado allí, como eterna, sin embargo el día de hoy no tengo contacto ya con ninguno de ellos. El entusiasmo se les pasó, no supieron filtrar con criterio lo que era práctico y útil de lo que no lo era y cometieron el grave error de invalidar todo lo aprendido porque una formula no funcionó.
El objeto de esta reflexión es que, el criterio para mí es el mejor de los filtros, es el que nos permite diferenciar lo sincero de lo engañoso, y lo aplicable de lo no-práctico. Pero no puede haber criterio donde no hay conocimiento sobre uno mismo, y digo esto porque uno no puede tener este ansiado filtro si por lo menos no tiene una mínima idea de donde está parado, de qué quiere, o quién es.
Ejercitar el criterio es demasiado sencillo (por lo menos en teoría), andá y prendé la tele, mirá el noticiero, leé el diario, un libro, o simplemente escucha la radio; y si crees en cada opinión y/o información que escuches o leas, de una forma casi automática… hay que limpiar el filtro, porque si de algo estoy seguro… cada uno forma su verdad… y si volvemos a re leer el pensamiento de Aristóteles puedo afirmar:
“Cada uno forma su propia realidad, cada uno forma su propia verdad”
Éxitos en la búsqueda.
Sebastián Tallon