Iom Dalet, 18 de Tammuz 5770
De impedimentos como seres humanos estamos llenos, de alguna forma parte del sentido de la vida es ir superándolos, aprender y avanzar. Este ejercicio de lucha constante contra lo que no nos permite ser, entra en conflicto con varios intereses intermedios, más que nada emociones, deseos y sueños. Poco a poco voy descubriendo que el NO es más positivo que el SÍ, que saber decir no en el momento apropiado es más sano y asertivo que decir sí en el suyo.
Siempre hablando con amigos surgía una frase que a muchos tiene podridos, “trazá una linea alrededor tuyo y pone un cartelito que diga ‘te puedo amar, te puedo adorar, pero cruzas esa línea y te cago a patadas’ ” cuando uno tiene buena leche, cuando hay buenas intenciones el amor que puede tener por los demás hace que uno renuncie a esos límites, los flexibilice, o hasta los rompa. El amor hace del NO una palabra muy difícil de pronunciar y de la vulnerabilidad propia una obra de Marta Minujin.
Ya lo habré mencionado un millón de veces pero “madurar es tomar decisiones y bancarnos las consecuencias“, no quiero parecer pedante citándome constantemente pero esta entrada es muy personal y podría quedar más intelectual citando grandes pensadores de apellidos impronunciables pero aunque a veces sea malhablado mi corazón es bienintencionado. Y no entiendo por qué resulta para otros tan difícil comprender que cuando uno elije y decide sobre algo debe hacerse cargo de lo que ésta decisión conlleva.
Tengo mucho dolor, dolor porque no puedo ser indiferente, dolor porque no puedo meterme, dolor por las consecuencias evidentes que vendrán en el futuro, y dolor por ser tan débil y esperar a último momento para decir ¡Basta! Sería tan fácil encerrarme en mi departamento, apagar el celular, hundirme en las dulces páginas de un libro e ignorar todo lo que pasa ahí afuera, dedicarme a ser feliz, amar a aquellos que me aman por igual y olvidarme del resto… pero no puedo; quizá esté enfermo.
Me duelen los ojos de ver injusticias, me duelen los oídos de escuchar tanta hipocresía y descaro, me duele escuchar gente diciéndome qué clase de judío soy, me duele ver gente juzgando a boca de jarro errores en los demás que acaban de cometer ellos mismos… me duele hablar al aire palabras que no quieren ser escuchadas, me duele ser tan tolerante y silencioso con cosas que debería gritar y enfurecerme, me duele dar amor, tiempo y preocupación a quienes sólo pretenden manipularme y aprovechar el mientras dure, me duele saber que merezco más de lo que me dan, me duele las personas sin argumento que odian por qué sí, soy un ignorante pero no me tomen de boludo.
Siempre soy yo quien trata de compartir algo que sea constructivo para vos, hoy soy yo quien necesita que hables conmigo y me digas, cuántas oportunidades deben ser dadas antes de decir ¡Nunca Más!, ¿Cuándo decir BASTA de forma definitiva?
“El peor daño y humillación no es vengarte del que te ataca o te odia, sino ignorar y no valorar al que te ama y desea tu felicidad”.
Sebastián Tallon