11 may, 2010

Ayuda, no asistencia

Iom Guimel, 27 de Iyar 5770

Marcela es una de las mujeres más importantes de mi vida, es una de esas personas a las que estás unido siempre no importa que no la vea por dos o tres años cuando nos reencontramos es como si nos hubiésemos visto la semana pasada. Ambos sabemos que lo que significamos para el otro no es modificado por espacio o tiempo.

Hace aproximadamente 7 años me dijo una frase que me marcó: “Sebastián, no confundas ayuda con asistencia”, desde ese momento creo que nunca dejé de pensarlo. Si bien el ayudar al otro es una de las más importantes buenas acciones que puedan realizarse, es fácil ayudar al desconocido, al pobre, al mendigo… darle algunas monedas y liberar en ellas un poco de la culpa acumulada de lo que deberíamos hacer, pero es muy difícil ser constantes, responsables y organizados al ayudar al otro.

Caridad, ayuda y asistencia son tres cosas que quizá erróneamente siempre disocio. Caridad es justamente la ayuda que uno le da al desconocido, la colaboración anónima, sin seguimiento, sin ver ni querer saber a dónde va el dinero o lo que se dona. La caridad es fundamental para desarrollar el musculo de dar, siempre que lo hablé fue un tema polémico porque la gente excusa su avaricia en frases como “yo no sé dónde va el dinero” “yo no voy a mantener los vicios de los padres explotadores de estos pobres chicos” “yo no voy a darles dinero para que los usen en drogas”, sin embargo después de eso no solo no dan dinero sino que no dan absolutamente nada y se olvidan del asunto hasta el siguiente semáforo donde en este, suelen empezar a despotricar contra el gobierno en el que nunca propusieron nada, las organizaciones con las que nunca colaboraron, o instituciones a veces inexistentes que tienen la obligación de encargarse del asunto para no tener que ver más esas cosas. Siempre hablan de lo mucho que les molesta a ellos ver esas escenas, en vez de pensar en lo terrorífico que debe ser vivirlas.

Para mí la caridad debe ser ciega, dar sin importar a dónde va, entregar por más que sepamos que eso va para una cerveza, una bolsa de pegamiento o una empanada. Creeme que yo estuve en la calle, sé lo que es pedir comida o quedarme sin una moneda para el colectivo, si no fuera por la gente que dio sin excusas o desconfianza yo no hubiese aprendido a dar.

Por otro lado la ayuda es una acción más estructurada, necesita un seguimiento, un plan, un plazo y siempre tiene altos y bajos. Si bien yo creo más en la ayuda ofrecida que en la pedida, definitivamente la ayuda no es para cualquiera, y casi siempre el que ayuda suele mostrar tarde o temprano las verdaderas intenciones de su ayuda; con esto quiero decir que si el que ayuda realmente no lo hace desinteresadamente, de corazón, con tolerancia, paciencia y con un plan claro, tiende a aburrirse, echarse para atrás o simplemente desaparecer con alguna mala excusa. Sólo el que desde un primer momento tuvo en claro lo que la ayuda representaba y representaría hasta el final es el que la completa con satisfacción y alegría y no convirtiendo lo que se pensaba bueno en una carga.

El ayudar a alguien es básicamente lo que se conoce como enseñar a pescar, esta metáfora es más explicativa de lo que suele pensarse, no es solo tirarle una caña por la cabeza y decirle “ey! Cacho acá tenés la caña y ahí el río” sino la dedicación, la paciencia de mostrar paso a paso lo que uno sabe, cómo elegir la caña, saber mirar el agua, los horarios donde hay mayor pique, qué anzuelo va para qué pez, etc. y esto también significa saber entender los tiempos de aprendizaje del otro, tiempos que nunca coinciden con los nuestros.

Los mayores ejecutores de la ayuda para mí son los docentes, personas incansables que pueden hablar del mismo tema una y otra vez con el solo objeto de transmitir el conocimiento, casi ningún sueldo de docente justifica ni valora la esencia de la profesión, pero el docente cobre o no lo que es merecido su alimento principal sigue siendo la enseñanza, y personalmente no creo que haya ayuda más profunda y duradera que ésta.

Lo que nunca se tiene en cuenta de la ayuda es aquello que se da y nunca puede ser devuelto, este es el tiempo, el que ayuda no solo entrega dinero, enseñanza, amor, un consejo o un abrazo… siempre entrega tiempo, se le podrá devolver el dinero, enseñarle otra cosa, darle más amor, otro consejo o infinidad de abrazos… pero el tiempo que fue dedicado es algo que nunca se puede devolver y es quizá lo que convierte a la ayuda en tal.

Sin embargo, la ayuda corre un peligro muy grande que es la de caer en asistencia, la asistencia se disfraza de ayuda solo que tiene una característica inconfundible, es interminable.

Casi todos los casos de asistencia son las ayudas pedidas y no las ofrecidas, es decir la persona que pidió ayuda, en verdad no pide ayuda sino una asistencia indeterminada, sin límites, ni plan, ni estructura ni nada; aunque en ambas (pedida y ofrecida) se corre el mismo peligro, la asistencia termina en su mayor parte en una relación parasitosa donde el asistido siempre sufre una cantidad interminable de problemas, nunca se recupera y siempre necesita más y más. Ojo, que una de las variables más jodidas es también cuando el asistido se recupera o encuentra otro que le da una mayor asistencia y se olvida por completo de quien lo ayudo y se borra sin siquiera un “gracias” de mala gana.

La idea de compartir esto con ustedes es para tratar de desmitificar lo que la ayuda significa o simboliza, el que ayuda no está por encima del ayudado, ni el que recibe la ayuda a las órdenes del otro, ni tiene por qué dar algo a cambio, esto ya sería un negocio o un favor término muy engorroso que nunca terminé de comprender bien sus límites. Uno puede necesitar una ayuda que no siempre es económica (aunque siempre es con la que se relaciona), alguien que escuche, que te aconseje, que te preste un traje, el auto, te pase a buscar una madrugada que te quedaste sin colectivo, o alguien que te pegue una cachetada para poder reaccionar ante algo.

Personalmente he sido ayudado por muchas personas a lo largo de mi vida, en trabajo, en palabras, en consejos, en dinero, en comida, en ropa, en lágrimas, en abrazos, en sonrisas y en pura amistad, aunque yo me sienta en deuda con todos ellos sé que son incapaces de cobrarme la ayuda o siquiera recordármelo porque son caballeros y damas, seres humanos invaluables. A cambio puede darles mi reconocimiento, mi agradecimiento y ofrecerme a poder ayudarlos en todo lo que me sea posible.

De corazón estas palabras para todos los que con su ayuda transformaron mi vida.

Cuidémonos de las excusas para no hacer caridad, ayudemos en todo lo que podamos y como bien diría Marcela no confundas ayuda con asistencia.

La verdadera ayuda no deja endeudado a nadie, la ayuda no tiene memoria ni se dice ni se acumula, la ayuda es dar en su estado más puro y comprometido.

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Comentarios

Gracias por tu hermoso mensaje. Me alegra recibir noticias tuyas.

Cariños. Siempre te recuerdo

Rubí gracias a vos por tus comentarios de siempre y recordarme con cariño.

Cariños

QUE TEMA!! El dar, creo que sos una de las personas que mas ha dado, fomentando a veces hasta el asistencialismo, otras veces ayudando con sabios consejos que ahora podes compartir en la red y me parece fantastico!!! El recibir no ha sido equivalente pero acaso damos solo para recibir algo a cambio? Creo que fue muy clara la diferenciacion que hiciste ntre caridad, ayuda y asistencialismo. Te quiero un monton y estoy feliz que nos hayamos encontrado en algun momento de la vida para AYUDARNOS MUTUAMENTE

TE AMO MARCEEEEEEEEEE!!!!!!!!!

mientras haya un solo niño que pase necesidad, un padre que no puede vestir a sus hijos, una persona que no tiene donde dormir y tu teniendo de todo lo que al otro le falta, no compartas aun lo necesario que tu si tienes, PECAS, independientememente que lo llames ayuda, asistencialismo o caridad es que utilizas este criterio para no dar, o para justificar tu ingratitud.
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