Iom Alef, 9 de Tishrei 5770
En mi vida una de las cosas que más me ha costado entender y practicar es el perdón, no por rencor sino por dignidad. Es decir, creo que el perdonar cosas que hieren nuestra dignidad, nuestra entereza, nuestros principios hacen que nos valoremos menos y dejemos que otros crucen límites que no deberían haber cruzado. No tengo problemas en perdonar todo, pero es como si tuviera una suerte de cupo, una cantidad de “perdones” reservados para cada persona. Cuando se llega al cupo puede renovarse o vencerse, como un permiso de conducir por puntos que anda tan de moda. Sí, hay personas que no quiero ver, otras con las que no quiero hablar, otras que no quiero siquiera encontrármelas o mencionarlas, pero no por rencor, sino por protección.
Siempre pensé que el perdón debía ser algo interminable, algo que jamás se acabara, algo que se renovara, sin embargo, con el tiempo me di cuenta que es muy difícil realizar esto sin caer en la hipocresía o en el autoengaño. Mucho reflexioné sobre su significado, si se medía por intención, por acción, por reincidencia, por alevosía, por maldad, por ignorancia, etc. Y a la única conclusión que llegué es que la reincidencia (por lo menos para mí) hace más difícil el verdadero perdón.
Y acá va mi definición del perdón: Es el que nace de una persona que ha comprendido el error que cometió, las consecuencias que tuvo ese error, desea de alguna forma reparar el daño que hizo, y lo más importante… se compromete consigo y con la persona afectada a no volver a cometerlo.
Una de las definiciones más bellas, elaboradas y a la vez utópicas que haya escuchado, es que cuando uno perdona de verdad, este perdón se convierte en una máquina del tiempo que nos devuelve al instante anterior a que suceda el hecho a perdonar. El inconveniente de esta posición es la memoria, creo yo que lo más valioso del perdón es recordar lo que hicimos o nos hicieron y aún recordando lo que pasó saber que lo perdonamos. Si el perdón fuera realmente una máquina del tiempo éste no sería tal… porque quien no recuerda no necesita perdonar.
Hoy creo tener más cosas que perdonar que de las que pedir perdón, y pienso que esta posición es más difícil. Aquel que conoce su error, si se arrepiente pide disculpas, repara o no el daño hecho y continúa, pero qué pasa con el que tiene que perdonar, que pasa con el que tiene que mirar a los ojos indiferentes de una persona que le hizo daño y encima tener que sonreírle, no guardarle rencor y ocultar la herida. Por otro lado pocas cosas son tan dolorosas como ver en los ojos de alguien que te dice “perdoname” que no tiene la más mínima idea de qué te hizo, o de qué se está disculpando.
Pienso que puede perdonarse todo, lo que no se puede, es perdonar muchas veces lo mismo. Eso está mal, porque no hay perdón, hay un trámite, es hacer una cola, sacar un número, poner el sellito y gritar SIGUIENTE!!!. Está bien que perdones, está bien que pidas perdón… pero recordá siempre algo, cada cosa a perdonar es una cicatriz, una herida hecha más de 3 o 5 veces en el mismo lugar ya no cicatriza. Cuidate mucho, no es lo mismo una herida en el brazo que en el ojo, no es lo mismo una herida en la pierna que en el corazón. El perdón no es altruismo, no es caridad no es algo que se regala al que se te cruza por la esquina o al que te quiere limpiar el vidrio, esas son disculpas, expensas, cosas cotidianas; el verdadero acto de perdón es cuando hay una herida de por medio, no confundas perdón con tolerancia, amor con indiferencia, ni cariño por dolor.
Perdonar es algo que se hace con el estómago y el corazón, con la memoria y con amor, no lo tomes a la ligera, no lo conviertas es un cuestionario predecible y prefabricado de “¿me perdonas? ok, gracias”. Reflexioná, pensá realmente lo que hiciste, lo que te hicieron, cuantas veces lo hicieron, si realmente vale la pena seguir exponiéndote a recibir la misma herida, o exponer a otros a dañarlos constantemente.
Hay personas que no pueden parar de dañar, dejando de lado la intención y todo eso, alejate mientras puedas perdonarlo, alejate mientras puedas ser perdonado, no cruces el límite, no esperes a que sea irreversible, creeme que el dolor repetido, la herida reincidente puede incluso borrar los buenos momentos. Perdoná con el corazón, protegete con la cabeza, racionalidad al analizar, sentimiento al perdonar. Es la única combinación válida que encontré hasta ahora, si tenés alguna mejor, por favor pasamela por mail.
Si te herí, si te lastime, si dije o hice algo que no debía, por favor, decímelo, para pedirte perdón, para no volver a hacerlo.
Si me heriste, si me lastimaste, si dijiste o hiciste algo que no debías, por favor decime que sabes qué es, la mayoría de las veces ya lo perdoné antes que me lo digas, solo necesito escucharlo para bajar la guardia.
“Perdonar es un acto doloroso, que se hace con amor, una lágrima y una sonrisa valoralo esforzáte realmente en no reincidir es la mejor paga que se le puede dar al poeta.”
Sebastián Tallon