Iom Dalet, 15 de Av, 5769
Aristóteles decía que un hombre solitario es una bestia o un dios… y perdón por hablar de extremos nuevamente pero ¿acaso no estamos rodeados de ellos?. La soledad en sí resulta ni ser buena ni mala, sin embargo puede convertirte en una persona violenta, resentida, irracional (bestia)… o en una persona de bondad, reflexión y solidaridad… que es a lo que creo que habrá querido apuntar Aristóteles con dicha afirmación. Quizás la frase que más he repetido a mis amigos sobre la soledad es la atribuida a China Zorrilla, (que en verdad nunca supe si ella la dijo) “La soledad impuesta es lo peor que puede pasarte en la vida, la soledad elegida es lo mejor que puede pasarte en la vida”. Con tiempo comprendí que estar solo por imposición o por elección es exactamente lo mismo.
¿Qué pasa cuando te replanteas quiénes son tus amigos? ¿Qué pasa cuando empezás a meditar en donde realmente te gustaría estar? ¿Qué pasa cuando recordamos lo que soñábamos un tiempo atrás? ¿Qué pasa cuando los planes que hiciste para dos, ahora sólo son para vos? ¿Qué pasa cuando tenés que recordar a dónde perteneces? ¿Qué pasa cuando estas rodeado de personas maravillosas pero te sentís solo? ¿Qué pasa cuando la vida te da oportunidades que sentís que no llegas a alcanzar? ¿Qué pasa cuando tenemos miedo a que nadie nos recuerde?
Hubo un tiempo que fui iluso y creía que el amor podría liberarme de sentirme solo, pensé que el amor podría ocupar ese espacio que todos necesitamos que esté lleno; grande fue mi sorpresa cuando vi que el amor no vino a mí a llenar ningún vacio sino a ocupar uno totalmente nuevo… finalmente cuando se fue había dos espacios vacíos, el segundo más grande que el primero. Fue ahí cuando entendí que las emociones no se reemplazan, las historias no se olvidan, los recuerdos nunca dejan de perseguirnos y por más que nos esforcemos por tener una vida feliz con pequeños e inevitables momentos de tristeza… casi siempre logramos una vida inevitablemente triste con pequeños momentos de felicidad.
He conocido bestias de la soledad con grandes familias, una lista larga de amigos y un nombre respetable; he visto dioses de la soledad recluidos en una habitación sin querer salir, con olor a libro en las manos y una tristeza muy bien disimulada en la voz. He sentido abrazos que hacía mucho esperaban por ser, he acariciado rostros de resignación a las consecuencias de las malas decisiones tomadas. He escuchado a solitarios afirmar mintiéndose que no estamos solos mientras nos tengamos a nosotros mismos; he oído miles de consejos de gente con la panza llena.
Quien nos haya dicho que la vida y la soledad son dos cosas distintas nos mintió, todo ser vivo de alguna manera se siente solo, lo enfrente o no, lo sienta o no, lo piense o no. El “cómo” cada uno la maneja es la forma en que vive, es lo que nos hace distintos, es lo que hace que nadie tenga una vida perfecta porque aunque la soledad nos haga grandes dioses llenos de sentimientos y palabras hermosas para los demás… siempre guardará un momento especial para recordarnos el oscuro camino que nos hizo recorrer.
La soledad y la vida son una, no podemos evitarla, pero sí vivirla acompañado de aquellos que amamos, estar cerca por sí acaso… eso no hará que se vaya, pero de seguro nos ayudará a seguir caminándola.
“Si no hubiera soledad, amar y ser amado no nos daría tanta felicidad”
Sebastián Tallon